TARDE DE CENIZA
El cielo cubierto de gris plomizo,
derrama su gélido tono,
sobre la agreste campiña.
Yo no sé si era mi alma dormida,
la que encogía sus poros,
en aquella tarde lúgubre y fría.
El roto tañido de una vieja campana,
traspasa mi mente de letargo
cual mortífera espada encendida.
Con la crudeza del desnudo día,
allí se mostró el cielo y la tierra
azorando mi mente perdida.
¡Cuán pequeño me sentí y sin fuerza,
quedando mi alma absorta y fundida
en la tarde de gris y ceniza!
Allí se mostraba el grandioso universo,
envolviendo al hombre perdido
en su desnudez y desdicha.
Es la pálida tarde de gris y ceniza,
donde “un soplo de viento” camina,
mientras su existencia analiza.
¡Cuán poca cosa es el hombre, si lo olvida,
sólo un soplo de viento que cruza el día!
Alonso Rodríguez Galego
Grupo Poético Brétema


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