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Anclada en mi pecho


Anclada en mi pecho

Qué  inquietante dolor se me oculta
en los caminos verdes de mi pecho,
cuando escucho el sublime canto
del amor perpetuo que me llama.

Vengo vencido y sin consuelos
dando vueltas a ver si vienes
a darme tus besos en mis ojos de luna
y a calmar mi sed con tu mirada

Quiero ver que vienes y me miras
como se miran el mar y la peña,
como la diosa de mis fulgores
amándome hasta las campos selectos

Quiero tenerte entre mis venas
para morir contigo fundida en mí,
en las sombras de tus selvas
y en los campos de mis sueños.

Así mis llantos en la noche no mueran
Y me hieran  como perros hambrientos
el delirio de este amor bien lo padezco
y lo quiero aunque me muera por tenerlo

Guárdame,  en las torres de tu pecho
adéntrame en tus entrañas cálidas
en el mar de este sueño que añoro
y que desespera en mi aposento sombrío.

Esperanza mía dame de tus aguas vivas
y de tus alientos la vida perpetua
en los prados de mis ojos, doncella mía
hada de mis bosques, playa de mis blasones.

Ven en las manos del viento
como las gaviotas blancas volando
con tus mensajes de ensueño
que estoy ansioso de verte
ven por las sendas donde yo muero
quiero anclarte en el fondo de mi pecho
con tus delirios vivos para volar juntos
hacia la felicidad del etéreo cielo.

Francisco de Sotavento

Cedeira
(A Coruña)


Hija del aire


Hija del aire

Nadie me ha llamado amor;
Sólo tú, hija del aire,
Sólo tú, hija del viento,
Sólo tú, caracola mía,
Amor de melancolía
Y heredera de mis sueños.

Oh, sirena de mis noches,
Amapola de mis ecos,
Cazadora de mis bosques,
Diosa de mis consuelos.

la que me bebe las aguas,
la que me embriaga de besos
y me entrega violines,
y los valses de sus senos,
y las grutas de su boca,
y las miradas de cielo,
y lo tierno de sus manos
y las sendas de su cuello
.la mirada de sus ojos
y el contorno de su cuerpo;
esta es mi  fonibusa
la que llevo muy adentro,
en las arcas de mi alma
y en las minas de mi pecho.

oh, dios de mi cielo santo
este amor es mi tormento,
tormento de amor sublime
que asciende sobre los cielos,
y se posa en mis montañas
y en las dunas de mis sueños,
esta diosa y fonibusa
que invade mis sentimientos,
y funde sobre mis yunques
los más torcidos hierros,
con las llamas de su luna,
con los fuelles de su fuego,
entre fragata y navío
los dos entran en puerto,
echan anclas hasta el fondo
y por fin se sienten dentro.

Francisco de Sotavento

Cedeira
(A Coruña)



Amo


Amo

Amo a Dios y a la vida
a la sangre de mis venas
a los huesos de mi cuerpo
y a quien me ama en silencio.

Amo el pacto del amor
al hombre en mi conciencia,
la razón de las personas
urdiendo palabras bellas.

Amo a quien soberanamente
se apiada del pobre
y llora su infelicidad
permanente.

Amo a la mujer
que sabe enternecer
aquel hogar sin luz
donde se forjan sombras.

Amo a las estrellas,
a los cielos,
a la bóveda celeste,
al rayo transparente
al cosmos y misterio
de toda creación.

Amo a las flores
amo a las hierbas,
y al jardín de Dios
que son las selvas.
Amo el mar
a las flotas de vela
y al marino gentil
que al timón se aferra.

Amo las manos del mar
a las flotas que en el pescan,
todas las manos del campo,
las que sangran y estercolean.
Amo a estas manos
que con sus picos
y sus barrenas,
arrancan manchadas
con sangre y sudor
las piedras negras.


Y a veces aunque no quiera
siempre me obliga el querer,
el que yo tenga que ver
los ojos de una mujer,
como luz de primavera.

Y a la verdad no soy yo,
es ella...
aunque no queriendo verla,
tengo que permanecer;
contemplarle a esa mujer
sus ojos como belleza.

Pero hemos de saber
desde el amor que me enseña
el que no ame una flor,
unos ojos, una lágrima
o algo
que se le  parezca,
jamás hallará el edén
ni el valle de los poetas.

Francisco de Sotavento

Cedeira
(A Coruña)


El mar y mis ojos

El mar y mis ojos

Hilos de espuma en el aire,
los trinos del viento van,
un vuelo de gaviotas
y azules golpes de sal.

Profundidad y silencio,
observo en mi soledad,
mi soledad misteriosa,
que nunca de mi se va.

Un viejo en su barca boga,
viene bogando al compás,
al compás del viejo remo
de un tiempo que ya no está.

La tarde se ve tan sola,
tiene tristeza en su faz,
ya no quiere estar conmigo,
y sin hablarme se va.

La noche besó mis ojos,
el viento besó mi faz,
la luna besó mi frente,
y yo sin poder besar...

Francisco de Sotavento

Cedeira
(A Coruña)


Biología marina


Biología marina
Nuestros peces del mar, ría, costa y altura

Un poema quiero hacer
en recuerdo de mi barca,
en memoria de los peces
de la lira que me canta.

Fue con la red de rapeta
y con mi negra chalana
la red, ciento diecisiete
brazas tenía de larga.

Quisiera empezar ahora
a recordar esta baza,
a recordar a los peces
que salpicaron mi cara

El mújel va de primero
por saltar más de una braza
por encima de los corchos
y sin rozar una malla.

Segunda la robaliza
la astuta y preparada,
la más lista y precavida
y a veces también se engaña.

De tercero el salmonete
por bajarse a las plomadas,
y dirigirse a las fisgas
y camuflarse en las algas.

De cuartos los calamares
porque se van entre aguas,
y se van dejando huella
de tiza negra sembrada.

Las agujas van de quintas
por andar siempre enfadadas,
y por irse de las redes
a risas y a carcajadas.

Y de sextos van los reos
lentamente a flor de agua,
y al no colgarse entre dientes,
se pasan a la bocana.

Aquí viene la sardina,
de la mar la que más anda,
y también la que más brilla
y dando al rabo no para.

El bocarte no lo es menos
cuando la luna está clara,
porque se embriaga de luz
que llega a besar la playa.

Y por nueve van los nuestros,
los piones con escama,
que son los más soñadores
y se conforman con nada.

Mas cuando se ven cercados
por la rapeta o cuchara,
siempre buscan las esquinas
que es por donde se propagan.

Y por diez los estorninos
familia de las caballas,
que pocas veces los vemos
aparecer por las playas.

Y por once van los panchos,
de los más terco no hay nada,
prefieren morir en grupo
que someterse a las mallas.

Los sargos tienen el trece
por no ser de luces claras,
siempre les gusta la sombra
y la rompiente esmerada.

Por catorce va la boga
que recorre antes que nada,
todo el cerco de la red,
para no verse mallada.

Las sierras llevan el quince,
las albacoras empatan,
rarísimas veces se cogen,
estas piezas por las playas.

El dieciséis ya lo tienen
las brecas y las doradas,
por frecuentar las arenas,
cuando las noches son claras.

Aquí viene el diecisiete
con la solla y la barbada,
buscando la arena negra,
buscando la arena blanda
para comer los gusanos
dormidos bajo las algas.

Por veintidós van los cregos,
nécora, cangreja  y nácara,
y algún pulpo bien nutrido
y camarones  de nácar.

Por veintitrés la Liberna
por pescarla a la cacea:
prepararla bien al horno
y servirla en la cazuela.

Los Chicharros, veintisiete,
fanfarrones, con agallas,
tienen los fondos de alcobas
y las arenas de salas.

El pulpo fantasma del mar,
con sus tres corazones,
tiene una fuerza mortal,
ventosas y dos pendones.

El Cabracho y San Martiño
son peces de calderada,
si el cabracho es exquisito,
el otro casi le gana..

Las fanecas y corbelos,
tienen las mismas andanzas,
y parecidas costumbres,
entre las fosas y algas.

Y entre la chepa y saboga
hay algo que las separa,
la una se muere de día,
la otra en la noche clara.

Y por veinte doy el congrio
por tener salidas raras;
pues si muere en la rapeta,
es por salir de “jarana”.

Las anguilas tienen fecha,
en la mar, poder pescarlas,
con la rapeta en septiembre,
y por octubre en zarandas.

Por veintidós van las jibias,
esta pesquuera es temprana,
febrero, marzo y abril,
y en adelante se acaba.

Y el veinticinco los sollos,
rodaballos y las rayas,
los lenguados y los chocos,
y las sabrosas barbadas.

El rodaballo se entierra
sobre las arenas blandas,
su comida es el cangrejo
y los piones sin  escama.

Y los sollos son lo mismo,
se entierran como las rayas,
sobre arenas semiduras
a lo largo de las playas.

Por veintiséis van los cregos,
nécora, cangreja y nácara,
y algún pulpo bien nutrido
y camarones  de nácar.

La maragota por suerte
nunca se marcha de casa,
se busca la cueva honda
y se esconde por las algas.

El guapo merlón o pinto
en su cueva es patriarca,
come del mar si le tira,
por lo demás no trabaja.

La morena siempre sola,
huyendo  mal humorada,
no quiere que se le toque,
de lo contrario te ataca.

El besugo lento y pampo
nunca se va de su casa,
es terco como una mula,
pero en familia se aguanta.

El abadejo es un pez
que le gusta estar en casa,
observa a todo el vecino
desde la máxima calma.

La bertorella de altura
familia de la barbada,
también se pone en la sombra
y pesca con sus dos barbas.

Los gallanes y doncellas
con sus amigas las cabras,
son peces que comen bien
las diminutas carnadas.

La merluza es cazadora
y exploradora de aguas,
es una devoradora ,
de la sardina y  paparda.

El  Bonito y el Atún
son familia y no se hablan,
cada uno va por libre
buscando distintas aguas.

El Atún de carne roja
tiene fama mundial,
y de la cocina rica
y de rango señorial.

El  Cazón  va con la Mielga ,
El Marrajo y el Espada,
tienen  carnes parecidas
y las dos son más que sanas.

El Rape, rape, rape,
tiene dos cañas dobladas
donde se enganchan los peces,
para su boca de playa.

El Dentón primo del Pargo
son de la piedra quebrada,
fondos  amenos y ricos,
con  toda clase de larvas.

Esta especie escorpión
vive la vida enterrada
esperando envenenar,
al que le pise su capa.

El Chucho y la Tintorera
no se conocen de nada,
si el uno vive en la cumbre
el otro vive en su playa.

El mero, peso pesado,
por tranquilo tiene panza,
vive en los pozos profundos
y se llega a flor de agua,
a comer percebes negros,
que van criando las tablas
carcomidas y por el tiempo
y por las aguas de salsa..

El tiburón siempre es rey.
si tiene hambre se aguanta,
pero cuando el pie le gusta,
en todo momento ataca.

La ballena ya se sabe,
dueña de la mar salada,
madre de la mar hermosa
mamífero de la Antártida.

Aquí se quedan los peces,
aquí se quedan las aguas,
aquí se quedan los remos,
todas las redes y barcas.

Francisco de Sotavento

Cedeira
(A Coruña)




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