Biología marina
Nuestros peces
del mar, ría, costa y altura
Un poema quiero
hacer
en recuerdo de
mi barca,
en memoria de
los peces
de la lira que
me canta.
Fue con la red
de rapeta
y con mi negra
chalana
la red, ciento
diecisiete
brazas tenía de
larga.
Quisiera empezar
ahora
a recordar esta
baza,
a recordar a los
peces
que salpicaron
mi cara
El mújel va de
primero
por saltar más
de una braza
por encima de
los corchos
y sin rozar una
malla.
Segunda la
robaliza
la astuta y
preparada,
la más lista y
precavida
y a veces
también se engaña.
De tercero el
salmonete
por bajarse a
las plomadas,
y dirigirse a
las fisgas
y camuflarse en
las algas.
De cuartos los
calamares
porque se van
entre aguas,
y se van dejando
huella
de tiza negra
sembrada.
Las agujas van de
quintas
por andar
siempre enfadadas,
y por irse de
las redes
a risas y a
carcajadas.
Y de sextos van
los reos
lentamente a
flor de agua,
y al no colgarse
entre dientes,
se pasan a la
bocana.
Aquí viene la
sardina,
de la mar la que
más anda,
y también la que
más brilla
y dando al rabo
no para.
El bocarte no lo
es menos
cuando la luna
está clara,
porque se
embriaga de luz
que llega a
besar la playa.
Y por nueve van
los nuestros,
los piones con
escama,
que son los más
soñadores
y se conforman
con nada.
Mas cuando se
ven cercados
por la rapeta o
cuchara,
siempre buscan
las esquinas
que es por donde
se propagan.
Y por diez los
estorninos
familia de las
caballas,
que pocas veces
los vemos
aparecer por las
playas.
Y por once van
los panchos,
de los más terco
no hay nada,
prefieren morir
en grupo
que someterse a
las mallas.
Los sargos
tienen el trece
por no ser de
luces claras,
siempre les
gusta la sombra
y la rompiente
esmerada.
Por catorce va
la boga
que recorre
antes que nada,
todo el cerco de
la red,
para no verse
mallada.
Las sierras
llevan el quince,
las albacoras
empatan,
rarísimas veces
se cogen,
estas piezas por
las playas.
El dieciséis ya
lo tienen
las brecas y las
doradas,
por frecuentar
las arenas,
cuando las
noches son claras.
Aquí viene el
diecisiete
con la solla y
la barbada,
buscando la
arena negra,
buscando la
arena blanda
para comer los
gusanos
dormidos bajo
las algas.
Por veintidós
van los cregos,
nécora,
cangreja y nácara,
y algún pulpo
bien nutrido
y
camarones de nácar.
Por veintitrés
la Liberna
por pescarla a
la cacea:
prepararla bien
al horno
y servirla en la
cazuela.
Los Chicharros,
veintisiete,
fanfarrones, con
agallas,
tienen los
fondos de alcobas
y las arenas de
salas.
El pulpo
fantasma del mar,
con sus tres
corazones,
tiene una fuerza
mortal,
ventosas y dos
pendones.
El Cabracho y
San Martiño
son peces de
calderada,
si el cabracho
es exquisito,
el otro casi le
gana..
Las fanecas y
corbelos,
tienen las
mismas andanzas,
y parecidas
costumbres,
entre las fosas
y algas.
Y entre la chepa
y saboga
hay algo que las
separa,
la una se muere
de día,
la otra en la
noche clara.
Y por veinte doy
el congrio
por tener
salidas raras;
pues si muere en
la rapeta,
es por salir de
“jarana”.
Las anguilas
tienen fecha,
en la mar, poder
pescarlas,
con la rapeta en
septiembre,
y por octubre en
zarandas.
Por veintidós
van las jibias,
esta pesquuera
es temprana,
febrero, marzo y
abril,
y en adelante se
acaba.
Y el veinticinco
los sollos,
rodaballos y las
rayas,
los lenguados y
los chocos,
y las sabrosas
barbadas.
El rodaballo se
entierra
sobre las arenas
blandas,
su comida es el
cangrejo
y los piones
sin escama.
Y los sollos son
lo mismo,
se entierran
como las rayas,
sobre arenas
semiduras
a lo largo de
las playas.
Por veintiséis
van los cregos,
nécora, cangreja
y nácara,
y algún pulpo
bien nutrido
y
camarones de nácar.
La maragota por
suerte
nunca se marcha
de casa,
se busca la
cueva honda
y se esconde por
las algas.
El guapo merlón
o pinto
en su cueva es
patriarca,
come del mar si
le tira,
por lo demás no
trabaja.
La morena
siempre sola,
huyendo
mal humorada,
no quiere que se
le toque,
de lo contrario
te ataca.
El besugo lento
y pampo
nunca se va de
su casa,
es terco como
una mula,
pero en familia
se aguanta.
El abadejo es un
pez
que le gusta
estar en casa,
observa a todo
el vecino
desde la máxima
calma.
La bertorella de
altura
familia de la
barbada,
también se pone
en la sombra
y pesca con sus
dos barbas.
Los gallanes y
doncellas
con sus amigas
las cabras,
son peces que
comen bien
las diminutas
carnadas.
La merluza es
cazadora
y exploradora de
aguas,
es una
devoradora ,
de la sardina
y paparda.
El Bonito
y el Atún
son familia y no
se hablan,
cada uno va por
libre
buscando
distintas aguas.
El Atún de carne
roja
tiene fama
mundial,
y de la cocina
rica
y de rango
señorial.
El
Cazón va con la Mielga ,
El Marrajo y el
Espada,
tienen
carnes parecidas
y las dos son
más que sanas.
El Rape, rape,
rape,
tiene dos cañas
dobladas
donde se
enganchan los peces,
para su boca de
playa.
El Dentón primo
del Pargo
son de la piedra
quebrada,
fondos
amenos y ricos,
con toda
clase de larvas.
Esta especie
escorpión
vive la vida
enterrada
esperando
envenenar,
al que le pise
su capa.
El Chucho y la
Tintorera
no se conocen de
nada,
si el uno vive
en la cumbre
el otro vive en
su playa.
El mero, peso
pesado,
por tranquilo
tiene panza,
vive en los
pozos profundos
y se llega a
flor de agua,
a comer percebes
negros,
que van criando
las tablas
carcomidas y por
el tiempo
y por las aguas
de salsa..
El tiburón
siempre es rey.
si tiene hambre
se aguanta,
pero cuando el
pie le gusta,
en todo momento
ataca.
La ballena ya se
sabe,
dueña de la mar
salada,
madre de la mar
hermosa
mamífero de la
Antártida.
Aquí se quedan
los peces,
aquí se quedan
las aguas,
aquí se quedan
los remos,
todas las redes
y barcas.
Francisco de
Sotavento
Cedeira
(A Coruña)