Te miro madre y en
tus ojos, encuentro
ese amor que me
abraza.
Te levantamos, te
sentamos y te damos
de comer
artificialmente.
Y en cada gesto,
aunque duela, te
decimos que seguimos
aquí contigo,
que te queremos.
Cuando te pido un
beso y tus
labios aun responden,
cuando acomodo la
muñeca en tu
regazo y la recorres
con tus manos,
entonces sé que
sigues siendo, que aun
hay vida en ti, que
aún me necesitas…
como yo te necesito.
Y, sin embargo,
madre, cuando te veo
tan frágil, tan
lejos, quisiera poder
soltarte, dejar que
te vayas donde
el dolor ya no pueda
alcanzarte.
Es tan extraño este
vivir… cuidarte:
es tenerte y perderte
a la vez.
Amarte es aprender
que a veces soltar
también es otra forma
de amar.
Te quiero entera,
madre.
te quiero en la risa
que recuerdo, en el
silencio que ahora
habitas,
en la vida que aún
nos une y en la paz
que algún día te
sabrá devolver el cielo.
Amelia García
Domínguez
Grupo Poético Brétema


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" Piensa si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio"