A MAMÁ PALMIRA
Cada año inexorablemente
el crujir de las hojas
bajo los pies.
La desnudez del árbol,
la enredadera
de aquella plaza compostelana
mostrando su tonalidad roja,
retorciéndose todavía vital
ante tan repetido ritual.
A ella también le tocó desnudar
su cuerpo y volar libremente
antes de los fríos del invierno.
Llegó en primavera
y nos alegró con sus colores
con su vitalidad, con sus flores.
En verano nos ofreció
sus sabios consejos,
la madurez de sus frutos
tan sabrosos.
Fue en otoño
que nos contempló con ternura
y se dejó deslizar suavemente
con ese pestañeo tristón.
No quiso llegar al invierno
demasiado frío y anciano.
Rosa María Vázquez Romay
Grupo Poético Brétema


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