MIGUEL, POR
SIEMPRE PADRE
Nunca te dejare,
mi princesa, dijiste
y yo me conmoví
con la profundidad de tu amor.
Fue esa promesa la
que amplió
los horizontes de
mi constreñida mirada
la que quito
hierro a esos momentos
que se me antojan
culturalmente
aprendidos de un
mundo patriarcal
y que consciente o
no
conllevan dejadez
de funciones.
Ese mundo heredado
y acomodado
¡Déjalo ir!
Ese mundo
sustentado
sobre desvelos y
cuidados femeninos
¡Déjalo ir!
Para que ese
caudal de amor
que por tu hija
sientes
mane de tu ser a
borbotones,
cual chorro de la
fuente de Barrocas
vital, musical y
refrescante.
Rosa María Vázquez
Romay
Grupo Poético Brétema


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