EL ALAMO QUE
CRECIO EN MI AUSENCIA
Ambos éramos
pequeños y vivarachos,
te veía todos os
días, saludábamos
teníamos mucho en
común,
queríamos crecer
rápido.
Un día tuve que
ausentarme sin poder
abrazarte, darte
un beso y despedirme,
te recordé muchos,
muchos años y
a menudo me
preguntaba:
¡Mi árbol, cuanto
habrá crecido!
Tus pequeñas hojas
de envés de plata,
junto al arroyo
acunabas al sol y al viento
como intentando
llegar arriba y desde allí
mirarte en el agua
y seguir riendo.
Nos entendíamos tú
y yo, porque teníamos
el mismo anhelo de
llegar más arriba, tocar el cielo,
volar encima de
las nubes, mecidos por el viento,
yo corría y tú
querías seguirme, pero no podías
quedabas esperando
impaciente mi regreso,
blandiendo tus
ramas, murmurando inquieto.
Hoy vuelvo junto a
ti y al contemplarte veo
¡Como hemos
cambiado! Tú grande, frondoso
extiendes tus
brazos al cielo,
brillantes hojas
de plata cimbreas y gastas diademas
de gorjeos y alas,
que entre tus ramas sortean ensueños.
Mira, también yo
tengo diademas de plata
que regalan a mis
sienes recuerdos.
Mi querido árbol,
no me olvides
porque sé que tu
viaje es más largo que el mío
piensa que donde
yo este, tú estarás conmigo y
cobijada en tus
ramas de plata, como los
pájaros, también
yo, haré mi nido.
Graciela Coello
Domínguez
Grupo Poético Brétema


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