El cementerio está solo,
más bien lleno de tumbas
que albergan en su interior
unos cuerpos ya sin vida.
Que silencio se respira,
y los deudos apenados
unos ramos depositan
para sus seres queridos
que emprendieron un camino
hacia un incierto destino,
solo les queda el recuerdo
de los que en vida estuvieron.
Queramos o no queramos
eso es lo que nos espera
y tenemos que aceptarlo,
es el final de la vida.
Hay quien voluntariamente
que lo incineren prefiere,
es para que se conserven
sus cenizas en un cofre,
su familia lo coloca
en un preferente sitio,
o por propia voluntad
del familiar fallecido
las esparzan por la ría,
o en la finca que en su día
cuido con gran alegría,
y en el campo las cenizas
abonaran esa tierra
que crecerán nuevas plantas.
La guadaña llegará
de cualquier forma y manera,
eso es lo que nos espera
aunque venga de sorpresa,
hay un lema muy certero,
desde el día en el que nacemos
para morir sin saberlo
“no hace falta estar enfermo”
cae la noche, me retiro
sin miedo, reflexionando
contemplando aquellos nichos
que amparan a nuestros muertos.
La luna resplandeciente
ilumina aquellas cruces,
y en silencio los cipreses
son unos fieles guardianes.
Mariano Marcos de Abalo
Grupo poético Brétema


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" Piensa si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio"